jueves, 28 de febrero de 2013

El Arca de Noé futurista

 

Poco a poco, o quizá en los últimos tiempos con mayor celeridad, el hombre ha sido el responsable del deterioro del planeta. El llamado cambio climático causado por la actividad humana. Éste a diferencia de los procesos naturales de la Tierra, lo podemos frenar si tomamos las medidas necesarias para ello. 


En cambio los fenómenos naturales como la lluvia, los terremotos, los sismos, la formación y erupción de los volcanes, los tornados, los geiseres o los desastres naturales que acontecen en la naturaleza sin la participación directa del hombre, son expresiones de nuestro planeta que no podemos controlar.
 


Sin embargo, sí podemos actuar para prevenir y protegernos de cualquier eventualidad de la naturaleza.

Tal como Noé cuando le fue encomendada la tarea de construir un arca para salvarse a él, a su familia, y a un macho y una hembra de cada especie animal para resguardarse del diluvio que duraría 40 días y 40 noches, la firma de arquitectos rusos llamada Remistudio ha diseñado el Massive Ark Building para el programa Arquitectura para la Atención de Desastres Naturales de la campaña Unión Internacional de Arquitectos.



La construcción en forma de arco tiene una estructura circular teniendo la capacidad de proteger a las personas en caso de una inundación, tsunami o sismo, ya que le permite flotar y existir independientemente sobre la superficie del agua.
 


Su equilibrio y estabilidad los posee gracias a un sistema de soporte a base de cables, lo que hace que su peso sea distribuido a lo largo del interior de la edificación.


“El Arca” también fue diseñada para ser una casa bioclimática, amable al medio ambiente, autónoma de los sistemas de soporte vital. Con la posibilidad de ser cimentada en varios climas y en regiones de fuerte actividad sísmica.
 


Capta la luz solar por medio de una instalación fotovoltaica proporcionando una iluminación 100% sustentable.


El Massive Ark Building fue concebido especialmente para casos de desastres naturales, es por eso que cuenta con un marco prefabricado que permite su rápida y fácil construcción.

Este diseño minimalista podría ser el tipo de arquitectura de las ciudades futuristas.


miércoles, 27 de febrero de 2013

Las escobas voladoras, ¡existen!




Desde la infancia se han escuchado historias sobre brujas y magos que se desplazan de un lugar a otro en escobas voladoras. Éstas forman parte de la imaginación del mundo de la literatura fantástica para contarnos que estos personajes no pueden ser vistos por cualquier ser humano, por ende, utilizan esta herramienta de limpieza como transporte.





Quién no quisiera tener una para salir del fastidioso tráfico o para llegar más rápido a algún lugar. Las escobas voladoras alcanzaron su máxima popularidad con la saga literaria y fílmica de Harry Potter. Son objetos importantes en el Mundo Mágico, ya que además de cumplir la función de transportar, se utilizan en el deporte más importante: el Quidditch. Inclusive hay una mención en la historia que dice que su primera aparición fue por allá del año 962 después de Cristo.





El diseñador gráfico japonés Halno-san y Wacamera, su asistente, rompen todas las leyes de la gravedad al aparecer montado en una escoba voladora, convirtiéndolo cada vez más en una celebridad de las redes sociales, principalmente en Instagram, donde comparte sus fotografías.





Por tal motivo, se ha ganado el sobrenombre de El Harry Potter Japonés porque siempre aparece con su escoba, y estamos seguros que no pertenece a ningún modelo de las que presenta J.K. Rowling en su obra y que usa el maguito para ganar los partidos.





Las imágenes muestran a Halno-san “volando” a lado de los coches y cerca del aterrizaje de los aviones en el aeropuerto de Kobe, en la playa y en el bosque. Su inspiración no viene en absoluto de Harry Potter, sino del trabajo de Natsumi Hayashi, la chica de 22 años que tiene autorretratos levitando en Tokio, y que se volvió una sensación en el 2011.





Halno-san, Wacamera, una escoba antigua y su cámara digital, pasan horas enteras para crear las instantáneas que han recibido más de 60 mil liked en Instagram y un número elevado de seguidores que sobrepasan los 50 mil. La técnica es doblar muy bien las piernas y asegurarse de tener la expresión facial necesaria para que las fotografías sean verosímiles.




martes, 26 de febrero de 2013

Nubes en la habitación



¿Recuerdan aquel personaje -de la nueva generación de Los Picapiedras, en la que Pebbles y Bam Bam son adolescentes-, que traía sobre su cabeza una nube negra con diluvio incluido? Si  no les suena, su nombre es Schleprock, mejor conocido como Mala Suerte. Este es un ejemplo de lo que para algunos, o muchos, significa esta masa algodonosa suspendida en la atmósfera. 


Se podría interpretar a las nubes como sinónimo de mala suerte, tal vez porque muchos piensan que son la víspera de una tormenta, lo que representa tiempos malos y que sólo las cosas irán mejor cuando haya un cielo despejado.

 
El artista holandés Berndnaut Smilde al parecer piensa todo lo contrario, en lugar de evadirlas o creer que son de mal agüero las baja del cielo y las encierra en cuartos vacíos.

Smilde combina el arte y la ciencia para crear pequeñas y fantásticas nubes artificiales en habitaciones vacías, y lo hace mediante una reacción química descubierta tras meses de investigación y controlando atentamente factores como la temperatura y la humedad.


Las nubes de Smilde están compuestas por partículas de agua mezcladas con pequeños cristales de hielo que surgen de la nada, en un proceso de desmaterialización de los elementos físicos y visuales. Nacen de una manera muy similar a las naturales, pues éstas se forman por el enfriamiento del aire, provocando la condensación del vapor de agua, invisible, en gotitas de hielo visibles.


Para recrearlas primero trabaja en una maqueta para dimensionar, visualizar y controlar el área en la que hará realidad la idea. Una vez que ha elegido el espacio en el que realizará su instalación, utiliza una máquina de humo, efectos de luz y cuidadosamente ajusta la temperatura y la humedad para producir las nubes el tiempo suficiente para ser captadas por la lente de una cámara fotográfica y de video. 


Dado el concepto efímero de la obra, sólo una imagen puede ser la evidencia de este trabajo para los que no pudieron disfrutar de esos 10 segundos que dura la exposición.


A esta serie meteorológica o escultura científica, Smilde la ha llamado Nimbus. Su primera exhibición la mostró en cuartos con paredes pintadas de azul brillante dando la impresión  de que el cielo enclaustraba a las nubes, haciendo sentir a los espectadores pasear entre ellas, pero el piso rojo contrastaba esta idea ubicando a los visitantes en que simplemente se encontraban en un espacio cerrado.


La representación surrealista se repitió, ahora con el nombre de  Nimbus II, en una iglesia vacía. La yuxtaposición de la nube flotando en el marco de una capilla donde penetraba una sutil luz natural representó una escena asombrosa para los asistentes.


Berndnaut Smilde,  se siente fascinado por lo que llama “la presencia física de espacios en transición”.