viernes, 31 de mayo de 2013

El lado vertical de Hong Kong




Es un hecho que cada día el planeta se está poblando más y más. En la actualidad somos cerca de siete mil millones de personas. En algunos países es tan alta la población que se ponen en duda sus campañas de planificación familiar.




Cada capital en el mundo puede constatar la inmensa cantidad de habitantes en su andar diario: tráfico, tránsito peatonal en avenidas principales, aglomeraciones. Se dice que el cruce de Eje Central y la calle Madero, en el primer cuadro del Centro Histórico de la ciudad de México, es el de mayor afluencia de transeúntes en América con más de cinco millones al día.




El país con la mayor densidad demográfica a nivel mundial es China. En su superficie de cerca de nueve millones y medio de kilómetros cuadrados se encuentra una sexta parte de la población mundial, aproximadamente mil 400 millones; llevar a cabo un censo en esa región asiática debe de ser una tarea titánica.




La pregunta aquí es, ¿cómo es el reparto de las viviendas para otorgar un techo a los pobladores? La explicación es muy sencilla: construyen hacia arriba.



Hong Kong es una de las regiones más importantes de China, con poco más de siete millones de habitantes. Es reconocida por su arquitectura, ya que la han adaptado a la escasa superficie edificable, lo cual los ha convertido en sinónimo de modernidad. La ciudad es reconocida porque tiene la mayor cantidad de rascacielos del mundo.




La verticalidad de sus construcciones va de acuerdo a la densidad de población. A la integración de los espacios públicos destinados para la vivienda se le conoce como alta densidad, edificaciones para el mayor número de inquilinos posibles.




En general, los edificios de Hong Kong llaman mucho a la atención a propios y extraños por la forma en que están construidos. Por ello, el fotógrafo alemán Michael Wolf se propuso tomar fotografías de cada uno de ellos para presentar la serie Arquitectura de Densidad.




La perspectiva que muestra es como si fuera un extranjero, una mirada extraña y fascinante ante columnas habitacionales que surgen de la superficie para dar cabida a cientos de personas. Líneas de concreto y ladrillo que emergen para tratar de alcanzar el cielo.



El objetivo de Wolf es darle ese “valor simbólico a los detalles aparentemente insignificantes que a menudo pasan desapercibidos”. Y estamos seguros que eso sucede, porque pocas veces volteamos a ver con detenimiento la arquitectura que nos rodea. 




Sus imágenes se vuelven más envolventes debido al recorte del cielo y la superficie, quedando sólo las hileras infinitas y la simetría de los departamentos, sólo se reduce a una abstracción. No hay personas, pero en muchas ocasiones se aprecia la ropa tendida, contraste con los millones de habitantes que pululan en sus calles chinas.


jueves, 30 de mayo de 2013

Gastronomía de ganchillo


Un derecho y un revés, ¿se les hacen conocidas estás palabras? Parecería un lenguaje en clave que sólo entenderían unos cuantos, pero muy probablemente, la mayoría las ha escuchado en casa, pronunciadas por las expertas en el arte del tejido.




Aunque tradicionalmente tejer se ha asociado con las abuelitas que nos hacían bufandas, suéteres, calcetines y diversas chambritas, en la actualidad esta actividad no es exclusiva de mujeres de edad adulta. La gente joven se ha interesado por aprender el tejido, como parte del auge de las manualidades y el “hazlo tú mismo” (DIY- Do It Yourself), para hacer sus propias prendas.



Lo cierto es que en los últimos años el tejido se ha puesto de moda, ya saben, con la onda de lo vintage y todo lo retro, por qué no habría de ser cool o estar in el tejer. Algunos realizan esta labor como medio de relajación, como un pasatiempo o para crear auténticas obras artísticas.




Ése es el caso de la artista británica Kate Jenkins a quién le encanta tejer alimentos, ¡¿cómo?! sí, leyeron bien. Ella combina el ganchillo y el estambre con el arte de cocinar, lo que resulta un verdadero manjar, por lo menos para la vista.




Jenkins cocina sushi, salmón, papas fritas, hamburguesas, salchichas, noodles, donas, además de crear los aderezos y bebidas que los acompañan. Sus principales ingredientes, por supuesto, la creatividad y paciencia para elaborar los platillos, una aguja o gancho, lanas e hilos de colores, lentejuelas, una pizca de humor y ¡listo! una deliciosa y apetecible comida, que nos dejará con hambre.



La experta gourmet del ganchillo muestra en sus tejidas recetas un estilo muy personal caracterizado por una visión algo nostálgica de ciertos iconos culinarios, con un toque de ingenuidad, pero al mismo tiempo con ironía.





¡Buen provecho!


miércoles, 29 de mayo de 2013

Texturas emocionales




Todos los seres humanos contamos con una característica que también comparten los animales: la emoción. Algunas personas son más emocionales que otras. No hay quien pueda decir que no siente nada, puesto que es una reacción que tiene el cuerpo ante diversos estímulos.



Una forma de percibir cuando alguien está emocionado es por medio de las expresiones faciales y la tensión de los músculos. Es importante destacar que las emociones se pueden dar por razones positivas y negativas, ya que normalmente se relacionan con sucesos agradables.



La emoción también puede cambiarnos de conducta con el fin de poder adaptarnos al entorno en el que nos encontramos. Nos lleva a esa unificación de objetivos con el propósito de continuar con la cadena de comportamientos que están sucediendo. De ahí puede venir el contagio de las masas, nuestro comportamiento colectivo.




Por otro lado, también existen las emociones introspectivas, donde se está feliz o se sufre, como con el nacimiento de un hijo o la pérdida de un ser querido. Sólo nosotros podemos saber lo que sentimos, sin embargo, nuestro rostro y lenguaje corporal denotan algo que es perceptible para los demás, aunque no se puede asegurar qué pasa.



Es probable que las mujeres sean más emotivas que los hombres por razones que sólo la psicología podría explicar. Los fundamentos son muy válidos por el simple hecho de que son diferentes; las necesidades y las percepciones van en caminos alternos, no en el mismo.



La artista portuguesa Cristina Troufa se ha dedicado a explorar las emociones de diversas mujeres, pero principalmente las de ella, a través de sus pinturas que retratan sus expresiones en los temas de la identidad y el yo.




Su trabajo se basa en el uso de lienzos en negativo con texturas que le sirven para pintar sus figuras, agregando líneas simples y colores suaves que permiten visualizar a sus “yo-mujeres” con la viva expresión de su cuerpo, de la cabeza a los pies.



El concepto artístico está basado en su vida y sus creencias. “Exploro en mi trabajo la autorepresentación en la búsqueda de mi yo interior, mi autorretrato”.



El escritor Richard Zimler comenta que “la profundidad emocional representa la complejidad de la expresión facialemociones complejas y sentimientos expresados por los seres humanos… muchos artistas han fracasado en su intento por representar el rostro humano en la pintura… eso lo logra Cristina Troufa con fidelidad e intensidad”.




Cada pintura requiere de un alto nivel de observación del comportamiento humano. No es nada fácil poder plasmar el miedo o la duda en un lienzo, y no sólo eso, adentrarlas en cuerpos que son diferentes entre sí.