jueves, 31 de octubre de 2013

Esculturas del terror



Una de las prácticas artísticas que está catalogada dentro de las Bellas Artes es la escultura, la cual convive con la arquitectura, la pintura y la música, por su inherente propósito de expresar la belleza a través de modelar, tallar y esculpir, en diversos materiales, figuras en volumen. El artista llamado escultor no sólo crea formas con dimensión, también conforma y define espacios.



En la actualidad la madera, la arcilla, el metal y el estuco, han dejado de ser los clásicos materiales para la talla y el cincel, dando paso al hielo, jabón, comida, crayones, papel, por mencionar sólo algunos de los elementos de los que han echado mano los artistas para innovar y sorprender.



Uno de los tallados más populares, sobre todo en estas fechas, es el que se hace con las calabazas. Porque a pesar de que Halloween es una fiesta de origen celta y el Día de Todos los Santos en la religión católica, no deja de ser una celebración divertida para pasar y disfrutar en familia.



Los cincelados de este fruto de gran tamaño tienen su origen en las historias y leyendas de los pueblos celtas, específicamente en Irlanda, donde se cuenta que hace muchos, muchos años un tacaño irlandés llamado Jack se topó, en una taberna, con el mismísimo diablo, justo la Noche de Brujas, y al que creyó haber burlado al intercambiar su alma por una moneda para comprar una bebida. Al final la burla le costó muy cara a Jack, pues cuando muere no puede entrar al paraíso por haber llevado una vida de excesos, pero cuando intentó entrar al infierno el demonio lo reconoció y lo envió de regreso, aconsejándole que volviera por donde llegó.



El camino de regreso era oscuro y frío, pero el diablo, buena onda, le lanzó un carbón encendido para que pudiera guiarse en la oscuridad, y Jack lo puso en un nabo que había vaciado para que no se apagara con el viento. De ahí la tradición de los irlandeses de utilizar nabos para fabricar “faroles de Jack”, pero cuando los inmigrantes llegaron a Estados Unidos, advirtieron que las calabazas eran más abundantes que los nabos. Por ese motivo, surgió la costumbre de tallar calabazas, para la víspera de todos los santos, a las que ahora se les conoce con el nombre de jack-o'-lantern [linterna de Jack].



Esculpir calabazas puede ser todo un desafío, incluso para los más expertos en la materia. Esto, debido a que esta fruta es delicada, y los detalles de los rostros sólo pueden alcanzarse por medio de pequeños golpes y tallando a distintas profundidades, trabajo que requiere paciencia y práctica.



Alguien que sabe muy bien de este tema y cincela  unas creativas y divertidas linternas de Jack es el escultor estadounidense Ray Villafane, para quien lo que comenzó como un hobby, lo ha convertido en el mejor grabador de calabazas del mundo.




Villafane ha llevado el arte de tallar calabazas a otro nivel. Sus obras adquieren un realismo impresionante, desarrolla  modelos tridimensionales con expresiones caricaturizadas.



Los motivos de sus diseños van desde rostros, digamos comunes, hasta  escalofriantes o de horror sin perder espectacularidad.  Es difícil creer que esas caras alguna vez fueron calabazas.




Si alguno de ustedes además de colocar la tradicional ofrenda de Día de Muertos, gusta disfrutar de un dulce de calabaza, pueden aprovechar el fruto y crear una de estas obras de arte, que además de mantener alejados a los malos espíritus, decoran muy bien los hogares.




Para conocer más diseños escultóricos de Ray Villafane, sólo den click en su nombre.




miércoles, 30 de octubre de 2013

Las recámaras de las chicas


El lugar que representa la personalidad más fiel de las personas es la recámara, cuarto, habitación o dormitorio. Ahí se encuentran todos los elementos necesarios para saber con quién estamos tratando.



La organización o desorganización -las mamás le llaman “reguero”- es uno de los puntos medulares. Un cuarto recogido es difícil de encontrar, sobre todo si la limpieza corre a cargo de los hijos; obviamente siempre hay excepciones. La mayoría de las veces si las cosas están en su lugar, se lo debemos a las progenitoras.



En algunos círculos prevalece el debate de quiénes son más ordenados, las mujeres o los hombres. Naturalmente cada uno dice que su género, pero estamos seguros que conocemos ambos casos, y en un porcentaje aventurado, podríamos decir que se van 50-50.



De los hombres, por mala percepción y una creencia atribuida que tampoco busca ser revertida, se dice que así es su naturaleza, desordenada. Por el contrario, se cree que las féminas deben ser meticulosas con la ubicación de los artículos, algo que parece sacado de una mente machista que piense que culturalmente deben estar atentas a la organización de la casa. Lo peor del asunto es que muchas lo creen y así asumen su papel.



En un sentido más ligero, y explicativo, las mujeres son capaces de convertir una recámara en una zona de guerra en cuestión de minutos. Las horas del combate por lo general son en las mañanas y en las noches.



La primera hora se debe a la tarea complicadísima de saber que atuendo lucirán ese día, ya sea para la escuela, el trabajo o alguna reunión. Pueden ponerse una multiplicidad de ropa y por algún detalle que no gustó, ser arrojada a la cama para dar paso a la que podría ser la elegida.



En la noche, la ropa y accesorios del día se acumulan para dar paso a la cómoda pijama. Lo curioso del asunto es que día a día se va apilando la ropa en diferentes lugares hasta que llega el fin de semana, o alguna persona, para poner en los lugares correspondientes las prendas.



Los fotógrafos italianos Gabriele Galimberti y Edoardo Delille seguro vieron este tipo de tendencia y decidieron embarcase en un proyecto que llamaron Mirrors and Windows, retratos de múltiples habitaciones de mujeres de todo tipo, tendencia, clase y religión.



Así que si hay personas que tienen la curiosidad por saber cómo es la recámara de sus mejores amigas, con esta serie fotográfica podrán darse una idea más clara de lo que hay en ese espacio, sin embargo, ninguna será igual por la independencia de cada esencia.



Gabriele y Edoardo recorrieron los cinco continentes para visitar los cuartos de mujeres que fluctúan entre los 18 y 30 años de edad para invadir su territorio, lugar donde pasan mucho tiempo maquilando teorías y creando un mundo unipersonal, con el consentimiento de ellas.



El lugar donde se duerme es un templo al cual no todos tienen acceso libre, y ellas tuvieron la confianza de mostrarle al mundo su intimidad.



Cada una de las imágenes es muy diferente de la otra. A pesar de que las habitaciones se componen de una estandarización de muebles, es inimaginable saber cómo serán dispuestos, con qué serán adornados o que contendrán cada uno de los cajones, incluso, las cobijas dicen mucho de las personas.



Las condiciones de los dormitorios varían mucho de acuerdo a la región donde se encontraban Galimberti y Delille, ya que podemos apreciar desde los más ostentosos hasta aquellos que se encuentran en condiciones precarias.



Están los que cuentan con clóset, ropero o han improvisado por medio de lazos o alambres un lugar donde colgar la ropa. Hay quienes tienen una cama con base o pusieron el colchón en el piso o duermen en un futón, incluso, quien evoca la habitación de las grandes historias de Las Mil y Una Noches.


Mirrors and Windows se destaca porque no hubo una línea para seguir determinado tipo de recámaras que dieran la apariencia de cuentos de hadas. Los fotógrafos representan la diversidad cultural, sin mover objetos de su lugar, así sea la ropa tirada en el piso o el sostén colgando de un cuadro. Respetaron cada centímetro del espacio de las mujeres.


Ellas nos dan el papel de observadores detrás de las ventanas, aquellos que por curiosidad o morbo desean saber que hay al interior. Asimismo, a través de las fotografías, ven el reflejo de su forma de vivir, organizada o desenfada, pero que en última instancia es su esencia en ese momento.


Para conocer más de Gabriele Galimberti y Edoardo Delille, den click en sus nombres.