sábado, 30 de noviembre de 2013

VJ Emergente [54]




The Clash "London Calling" del disco London Calling de 1979
[Escucha el LP en Spotify]




Trentemoller "Candy Tongue" del disco Lost  del 2013
[Escucha el LP en Spotify]




Icona Pop "I Love It" del disco This Is... Icona Pop del 2013




Snowden "The Beat Comes" del disco No One In Control del 2013




Wampire "Orchards" del disco Curiosity del 2013

viernes, 29 de noviembre de 2013

La bondad de prestar un hombro


Los trayectos diarios para ir y venir de la escuela o el trabajo suelen ser muy largos para algunas personas. El vivir lejos de nuestros lugares de reunión, y no tener auto, implica viajar en transporte público. La mayoría conocemos la odisea que se vive al subir al camión, microbús, combi, Tren Ligero, Metro, Metrobús, Tren Suburbano o cualquiera de los nombres que reciba; éstos son sólo algunos de la ciudad de México.

Primero, encontrar un lugar en algunos de los vehículos puede ser el primer obstáculo. Hay quienes, sin tener otra alternativa, deciden emular al Hombre Mosca y van colgados y expuestos a un accidente. Una vez que se puede llegar adentro, la siguiente complicación deriva en encontrar un asiento vacío para sentarse. Pueden pasar segundos o minutos, incluso, cerca de la hora. Cuando por fin se logra el cometido de descansar en lo que se viaja -quisiéramos decir cómodamente, pero en ocasiones los asientos atormentan el coxis y la columna- comienza la etapa del disfrute de la lectura de un libro, escuchar música o simplemente ver el entorno.


Si el viaje es cuando ya terminó la jornada escolar o laboral, se puede tornar más fastidioso porque el cansancio está presente. Si ya se libraron todos los escollos anteriores, se corre el peligro de quedarse dormido. El cuerpo y los ojos pesan como si hubiera lozas encima; los músculos flaquean y ya no responden a las indicaciones del cerebro, como si alguien más se apoderara de los sentidos y cada uno de los miembros. El inevitable fin está a escasos parpadeos para sumirse en la oscuridad, la lucha se ha perdido.

Los durmientes del transporte se pueden dividir en dos bandos: los que tienen control de su cuerpo y mantienen la vertical, así haya movimientos bruscos, y los que tienen el cuerpo flácido y se mueven en el vaivén de los automotores.


Con los primeros no existe ninguna complicación, porque además están alertas cuando alguien les habla para poder pasar. Su dominio es extraordinario, ya que su cuerpo parece programado para dormir la distancia exacta para abrir los ojos y descender sin complicaciones.

El segundo grupo es el que se convierte en un espectáculo, tanto cómico como desagradable para terceras personas. Esas escenas cotidianas que muchos hemos visto de las personas que “cabecean”, que están a punto de caer y en el último momento se vuelven a incorporar, ante la expectativa de los presentes que sólo admiran la capacidad de equilibrio sin atreverse a despertarlos.


Quizá la situación más incómoda para algunos es cuando el que se va durmiendo se balancea hacia ellos, y no sólo eso, en un acto instintivo su cabeza se acopla en el hombro del vecino de a lado. Esa secuencia es de las más comunes y las reacciones del sujeto/soporte son variadas.

La proximidad es algo que cuidamos los individuos como uno de nuestros tesoros más preciados. El mantener la distancia adecuada con otro ser es fundamental para no sentir invadido el espacio que nos corresponde. Cuando la irrupción ocurre, ponemos barreras físicas y verbales para alejar al asaltante territorial. Por eso, cuando alguien en el transporte tiene visos de ladearse hacia nosotros, la primera reacción es alejarlo levantando un poco más el hombro, empujándolo levemente o haciendo ruidos para que despierte y tome conciencia de lo que está pasando.


La frecuencia de que ocurra lo contrario es escasa. No todos desean ser objeto de acurrucamiento de un extraño o extraña, puede ser por diferentes circunstancias, pero así sucede. Sin embargo, hay quienes no tienen inconveniente y comprenden que el cansancio se apodera del cuerpo, así que aceptan sin miramientos que alguien vaya recargado en su hombro.

Hace unas semanas circuló de manera viral una imagen de una persona de raza negra, en estado totalmente inconsciente por el sueño, que iba recargado en el hombro de un hombre judío que no tuvo problema con este hecho. Su propagación se dio tan rápido debido a las ideologías y contexto social entre ambas personas, donde ninguno hizo caso de sus normas y conductas y se entregaron a un acto noble.


La fotografía motivó a la organización de caridad llamada Charidy a llevar un experimento de conducta social entre los usuarios del metro de la ciudad de Nueva York, para poner de manifiesto si aún existen los valores de generosidad y amabilidad entre la gente.

La prueba consistió en la actuación de un hombre desconocido, llamado Isaac, el cual se sentaba y conforme pasaba el tiempo se quedaba dormido, reclinándose hacia el hombro del usuario de a lado. Enfrente de ellos iba alguien con una cámara oculta grabando las secuencias.


Obviamente, las reacciones iniciales ya las describimos: no fue del agrado de muchos. Pero la sorpresa fue que descubrieron que había quienes lo aceptaban hasta con una sonrisa. No importó la raza ni el color ni la religión, ahí es donde entra el espíritu del ser humano por procurar al otro, entendiendo las condiciones.


Charidy dice con mucha razón “Cada momento es una oportunidad para ayudar a los que nos rodean”. ¿Cuántos lo hacemos día a día?


Les dejamos el video:


Y esta es la imagen viral que inspiró a Charidy:

jueves, 28 de noviembre de 2013

Fragilidad


¿Cuántos menores de edad viven en situación de calle? ¿Por qué un niño vive en la calle? Se estima que en el mundo hay alrededor de 120 millones de niños viviendo en la vía pública [30 millones en África, 30 millones en Asia y 40 millones en América Latina]. Además de que están expuestos a todo tipo de abusos.



Existen varias razones por las que los niños deben o deciden vivir en la calle, por factores familiares, económicos, sociales, incluso, políticos, influyen de manera importante. Encuentran en ella un ámbito que les permite trabajar y obtener recursos para sobrevivir, o una salida para olvidarse de sus problemas.


El artista estadounidense Michael Aaron Williams emprendió un viaje a Tailandia, Corea del Sur y China para retratar las condiciones en las que viven los niños que deambulan por las calles. Una realidad de la que ningún país de América, Europa, Asia o África está exento.



Al crecer, Aaron Williams experimentó con drogas y el alcohol que con el tiempo le condujeron a sufrir una depresión. De la que salió gracias a que concentró parte de su energía al arte, mediante el que ha desarrollado un estilo, que lo ha llevado a exponer su obra por las calles de numerosas ciudades, y también ha expuesto en galerías con notable éxito de crítica y público.


Esa experiencia lo convirtió en un ser humano más sensible y consciente ante las situaciones que padecen  las personas que son más vulnerables, las que han sido olvidadas por la sociedad.



El trabajo de Williams consiste en retratar en plantillas de cartón, a tamaño real, a niños que efectivamente se hallan en la calle, que se encuentran sin hogar, que son huérfanos. Después los recorta y los coloca en paredes, avenidas, parques, jardineras, en lugares comunes donde se mueven los pequeños. Zonas al aire libre para que los ciudadanos y los turistas puedan observar. Posteriormente, complementa el cuadro con objetos que realzan la composición. Elementos como flores, flechas, alas, avioncitos de papel. Accesorios que también tienen un significado simbólico. Un toque de belleza que represente una esperanza.


El artista urbano vivió, durante dos meses, en un orfanato en Tailandia y fue ahí donde conoció las fuertes y terribles historias de varios de los habitantes, que a pesar de ver fracturada su vida, aún le encuentran el lado positivo. Relatos que los protagonistas le permitieron utilizar a Williams para crear su obra. Narraciones que inspiraron y dieron sentido a las piezas.



Williams hace una analogía entre la delicada y precaria condición en las que vive un niño sin la protección de su familia, sin un techo donde habitar,  y la fragilidad del cartón sobre el que plasma las figuras de los pequeños.


El objetivo de su obra es sensibilizar a la sociedad de la situación a la que diariamente se enfrentan los menores. Además, busca recaudar fondos a beneficencia de los niños y adultos que carecen de un hogar.



Williams considera que “si nadie los ve dejarán de existir; se los llevará el viento y otras fuerzas los arrancarán y tirarán”.


Estas instalaciones al aire libre se centran en el estado efímero de la gente de la calle y permite al espectador participar en el resultado de las piezas, representando su belleza y fragilidad.



La manifestación artística de Aaron Williams conlleva una declaración social dirigida a todos.


Para conocer más del trabajo de Michael Aaron Williams, sólo necesitan dar click sobre su nombre. 

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Las sombras de la música


El pasado regresa al presente y parece que se instalará en el futuro. Cuando vamos a las tiendas físicas de discos, además de encontrar una gran cantidad de productos de la industria musical, hay una sección, aún pequeña, que muchos melómanos tienen como consigna visitar: el área de los discos de vinil.



Con la aparición del disco compacto, su agonía se fue dando de manera paulatina, sin embargo, siempre quedo un remanente que los coleccionistas tuvieron en sus reservas.



La promesa de un mejor sonido basado en la digitalización de las ondas sonoras, hizo que las personas corrieran a comprar esos objetos que parecían un aborto de los LP, sólo que de color plateado. Todos se volcaron a comprar los reproductores y poco a poco fue creciendo la colección de pequeñas cajas de plástico que vinieron a suplir a los empaques de cartón.



El nicho de los DJ’s fue el único que no se alejo de los acetatos, ya que para ellos resulta más fácil realizar las mezclas, sentirlos y poderlos girar y detener en las tornamesas. Aunque existen los equipos de reproducción que tienen las mismas funciones con los CD’s, la sensación y el lado romántico entre acetato y hombre no es el mismo.



Las famosas tiendas que ostentaban la idea del disco del recuerdo, se hicieron de cantidades mayores de viniles porque la gente los vendía a destajo y por un precio ínfimo. Uno de los errores más grandes, porque en la actualidad cada una de esas piezas tiene un costo elevado y, en algunas ocasiones, son artículos de culto.



En realidad, la industria del vinil no desapareció, pero sí perdió gran parte de su mercado, hasta ahora. El regreso del pasado al presente como lo es en la moda, también ha permeado a la música, y los LP’s están de regreso y parece ser que con mucha fuerza.



En esas tiendas que comentábamos al principio se pueden encontrar piezas únicas de álbumes que son tesoros para el melómano. Radiohead, David Bowie, Pink Floyd, Led Zeppelin, The Doors, entre otros, son algunos de los títulos que están expuestos. Sin embargo, gracias a esta euforia recargada, la industria aprovecha y los coloca a precios que duplican o triplican su valor en su versión compacta y digital.



Una vez más queda demostrado que todos los imperios tienden a caer y eso le está pasando al disco compacto, que pierde terreno ante las tiendas virtuales y, ahora, con los discos de vinil.



Y como el regreso es inevitable, el artista Daniel Edlen aprovecha la carrera musical para darle un giro a los viniles y crear arte sobre arte. Su visión para reutilizarlos se basa en la creación de retratos de los grandes músicos de la cultura sobre este objeto circular.



Edlen llama a esto Vinyl Art que es la colocación de imágenes de rostros sobre los discos de vinil. Todos están pintados a mano con acrílico blanco, lo que provoca un efecto visual que pareciera que Lou Reed está saliendo de las sombras de su propia música, debido a la densidad de la pintura.



Su trabajo está basado en el Warlhol’s Screen Test que fueron una serie de retratos del cine mudo de celebridades, amigos e invitados que el maestro del pop consideraba que tenían un “gran potencial”. Algunos que pasaron por esta técnica fueron Salvador Dalí, Bob Dylan, Dennis Hopper, Nico, Yoko Ono y Lou Reed.



El artista del vinil creó esta serie para rendir un homenaje al “objeto y al sujeto”, otorgar los laureles por su contribución cultural a la música, una herencia inigualable que alcanzará a muchas generaciones futuras.



Daniel Edlen tiene su propia tienda donde vende sus discos. El tiempo que le lleva pintar los rostros depende del detalle y lo que se tarde en encontrar el disco. Por otro lado, también acepta pedidos especiales de algún artista que no se encuentra en su catálogo, donde el cliente puede enviarle el vinil.



La gran pregunta es, ¿se puede tocar el disco una vez que está pintado? Se puede, pero se escuchará pésimo y la aguja del tocadiscos podría dañarse, sin embargo, la cara que no fue tratada tiene el sonido original. Por ello, Edlen trata de encontrar los LP’s que están a punto de llegar a la basura para que el cliente no sufra por no poder tocarlo.





Para conocer más sobre Daniel Edlen, den click en su nombre.