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viernes, 7 de julio de 2017

La realidad ilustrada


Tenemos una triste realidad, somos conscientes de ello, pero aún así seguimos participando y colaborando con ella.



La sociedad entra a cada segundo en un remolino donde los detalles diarios se mezclan para crear un fenómeno que causa disgusto, que hace sentir incómodo. Somos un engrane que funciona más para mal que para bien.



Actos como la corrupción, la injusta repartición de la riqueza, la mala aplicación de la justicia, el acoso laboral, la contaminación provocada por la sociedad y las industrias, los disfrazes para presentarnos en diferentes escenarios, la falta de una clase que lea, que se eduque y, por supuesto, la enajenación que provoca el internet con sus engendros, las redes sociales mal aplicadas, son herramientas que lesionan el sentido de la vida.



Solemos culpar a los gobiernos porque no queremos aceptar la corresponsabilidad que nos atañe. Formamos parte de sociedades que desean tener todos los beneficios, pero que se rehúsa a cumplir con sus obligaciones.



El civismo está en peligro de extinción, y por desgracia su desaparición viaja a la velocidad del tren bala. Lo importante para los sistemas sociales es el beneficio propio a costa de los daños de los demás. El enriquecimiento desmedido es la profesión que pulula en la actualidad.



Incluso ya pasaron esos años donde las personas de la tercera edad, los viejitos, los abuelos ya no son el estandarte de los valores. Se han vuelto prepotentes, deseosos de que su condición sea la razón de cometer atropellos, de pasar por encima de los demás.



Este juego se ha vuelto macabro y sólo queda en cada uno de nosotros impulsar el cambio, empezando por uno mismo y transmitir la armonía, la sana convivencia, la tolerancia, la justicia y los valores a la familia.



No tratar de cambiar el mundo, porque su inercia es más poderosa. En algún lugar habrá gente que comulgue con las buenas prácticas que se una a un movimiento invisible pero potente.



El ilustrador conceptual John Holcroft trabaja digitalmente a la antigüita, ya que otorga a sus ilustraciones las técnicas que se aplicaban en los años 50 con los pósters.



La sátira es su principal característica, un mensaje que cae como un gancho al hígado con texturas de humor negro que abre un camino bidireccional entre reír o llorar. Dentro de cada rectángulo hay un fuerte mensaje del que no podemos ni debemos ser ajenos.




Para disfrutar de más realidades ilustradas de Holcroft, basta con que le den click a su apellido.

viernes, 1 de abril de 2016

Inducción psicodélica


El movimiento contracultural hippie nos remonta inevitablemente a la psicodelia, tanto en la música como en otras expresiones artísticas. Un submundo lleno de colores que fluctuaba en ondas que la sociedad criticaba por, según, el constante abuso de drogas como el LSD y el peyote.





La psicodelia estaba llena de colores vistosos, figuras con tendencias circulares, el símbolo de amor y paz y el rock psicodélico. También se le conoce como como "movimiento lisérgico" por su constante relación con los viajes ácidos y alucinógenos inducidos por drogas.





La vestimenta es otro rasgo característico. Un hippie se puede distinguir con el paso de los años y los cambios generacionales, por supuesto, evitando la critica social. Los pantalones de pata de elefante y las blusas y camisas holgadas y coloridas, quizá una cinta en la cabeza, son prendas de uso común.





La esencia psicodélica es la "manifestación del alma", ese es su objetivo, una meta orgánica que busca y se empareja con la naturaleza, con esas sensaciones terrenales que alejan de lo material y mundano.





Keiichi Tanaami es un artista japonés que en los años 60 y 70 lideró el movimiento psicodélico en su país. Sus obras son un reflejo, y herencia, de lo que percibió personalmente, pero también a través de su familia, durante la Segunda Guerra Mundial.





En su trabajo se constata un clara crítica a la cultura pop de Japón y a los cánones impuestos por el bloque triunfador y opresor encabezado por los Estados Unidos.





Su estilo se enmarca en el uso de colores fuertes y líneas derretidas basadas en collages que nos encaminan por sueños ácidos, engendros que se podrían entender con la temperatura del cuerpo por arriba de los 40 grados o por medio de sustancias alucinógenas.





Para conocer más de Keiichi Tanaami, den click en su nombre.