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martes, 6 de enero de 2015

¿El mundo mágico de Disney?


Los excesos, la soledad, la depresión, las malas influencias, decisiones difíciles, la pérdida de la niñez, una vida acelerada, son algunos de los altos costos que llegan a pagar las personas que están inmersas en el mundo del espectáculo.



Casos como el de Jim Morrison, Ian Curtis, Kurt Cobain, Michael Jackson, Lindsay Lohan, Macaulay Culkin, Charlie Sheen, Britney Spears, Heath Ledger, actualmente Justin Bieber, son algunas de las personalidades de la farándula que se han visto envueltas en problemas de adicción, con la autoridad, incluso en conflictos familiares.



Desarrollarse en el ámbito de la música y en la actuación, ya sea en el cine, teatro o televisión, puede resultar un trabajo agotador, asfixiante, desgastante, demandante. Lo que los espectadores vemos e idealizamos es una vida llena de lujos, viajes, rodeada de amistades, de gente reconocida,  de éxitos, una vida resuelta, pero ¿en realidad es así?



Detrás de esa imagen, de esa pantalla que busca reflejar que todo marcha bien, que no padecen carencias, hay otra verdad. Muchos de esos personajes que vemos inalcanzables esconden una infancia complicada, tragedias, fuertes pérdidas emocionales y personales. Para sobrellevar los malos momentos buscan desahogarse o refugiarse en las drogas, otros más no resisten y ven la salida en el suicidio.



Algunos más para destacar y conseguir catapultar su carrera son capaces de sumergirse en los excesos, someterse a peligrosas y constantes cirugías para conservar su atractivo físico y siempre lucir perfectos, acceder, a veces por voluntad propia otras porque son orillados a hacerlo, a vivir una mentira, a alejarse de sus seres queridos, a pretender ser quienes en realidad no son, a construirse una imagen con la única finalidad de conseguir la tan ansiada fama y no quedar relegados.



Este tema es retomado por el artista mexicano José Rodolfo Loaiza Ontiveros, en sus series Disasterland y DisHollywood, en las que combina a personajes de los clásicos cuentos de hadas con iconos del medio del entretenimiento, celebridades del cine y de la música.



Rodolfo Loaiza se basa en la técnica del lowbrow art, un estilo artístico que tiene sus antecedentes en el arte underground. Una mezcla peculiar de sentido del humor con elementos de la cultura pop que dan como resultado imágenes desconcertantes y en ocasiones grotescas en las que son recurrentes los personajes de dibujos animados, cómics y programas de televisión.




Pinturas al óleo y acrílico que representan el mundo de drogas, perversión, temas controversiales, la influencia que puede tener Hollywood sobre las famosas estrellas. Escenarios donde la fantasía termina en colapso, donde el final no siempre es “…y vivieron felices para siempre”.



Estas obras son un híbrido donde se fusionan el arte pop, kitsch y el surrealismo. En las que vemos relacionarse a las princesas, príncipes y brujas malvadas de los cuentos con personajes de ficción de la pantalla grande o de la escena musical.



¿Qué será más peligroso, que la Bruja Malvada disfrazada de dulce viejecita le ofrezca una manzana a Blancanieves, o que Alex de Naranja Mecánica le acerque un vaso con “leche”?




Conozcan más del trabajo de José Rodolfo  Loaiza Ontiveros dando click en el nombre y apellidos.



viernes, 26 de septiembre de 2014

La Princesa de los Lunares


A lo largo de la línea de vida del arte hay casos extraordinarios, o no tanto, de artistas que han llegado a su clímax [algunos se mantienen ahí, otros ya no] mientras se encuentran en un estado alterado.


Las drogas de varios tipos, el alcohol o las enfermedades mentales son las que influyen en la creatividad de los genios. Su imaginación es exponencial, ya sea por la maximización de los sentidos o por inducción a mundos fantásticos creados por la mente.


Tenemos grandes ejemplos como Jim Morrison, adicto a los alucinógenos; Ernest Hemingway, adicto al alcohol y enfermo bipolar; Truman Capote, adicto al alcohol y diversas drogas; Charles Bukowski, Edgar Allan Poe y Henry Miller, adictos al alcohol, cada uno de ellos con una calidad artística innegable, pero que quizá se debía, en gran parte, al influjo de sustancias.


Las enfermedades mentales son otros catalizadores de creaciones artísticas. Las alteraciones que sufren las personas en su razonamiento y comportamiento hacen que su realidad se vea alterada, una acción pocas veces comprendida que sólo son atendidas en instituciones médicas por los tipos de tratamientos, reacciones y secuelas.


Las condiciones de vida a las que se presenta la gente que tiene padecimientos de este tipo se vuelven complicadas, ya que el mundo no está diseñado ni preparado para convivir con ellos. Las personas sanas pueden llegar a ser intolerantes o no tienen la capacidad de cuidado.


Dentro de sus disfunciones mentales, tienen un universo que sólo ellos comprenden, a veces de difícil acceso para los demás, pero que está basado en una lógica que después de ser estudiada resulta verdadera.


Llegan a ser personas con coeficientes intelectuales que están por encima de la media. Cuando deciden plasmar su mundo en alguna disciplina, los resultados son increíbles, impactan a la sociedad racional y se convierten en personajes aceptados con el plus de estar enfermos.


La artista japonesa Yayoi Kusama, conocida como La Princesa de los Lunares, padece de un desorden obsesivo compulsivo desde su infancia, aunque en realidad nadie sabe con certeza el diagnóstico.


Por ello, desde 1977, decidió internarse en un hospital psquiátrico, lugar donde ha liberado sus alucinaciones y que incrusta en diferentes disciplinas artísticas como la pintura, literatura, escultura, collage, perfomances e instalaciones.


Estas visiones le han dado una gran lucidez para lograr obras con un esplendor único. Sus doctores ven como una gran hazaña que su creatividad influye en su salud, ya que con más de 80 años de edad, su intelecto continua inquebrantable.


Los estudiosos de Kusama concluyen que gran parte de su obra es autobiográfica y están centradas en gran medida en la figura libertina de su padre y los maltratos que recibía de su mamá.


Sus trabajos tienen patrones circulares obsesivos, así como una inclinación a mostrar penes que pueden arrancar una sonrisa, sorprender a otros y unos más sentirse ofendidos o apenados por verlos en lugares inusuales.



Es tan importante su estilo artístico que es una de las figuras clave del Art Pop, teniendo una clara influencia en lo realizado por Andy Warhol. Su residencia en Nueva York le trajo grandes logros e inicio sin tapujos la variante de tener modelos e instalaciones con personas desnudas.


Su actividad no se detiene y continúa llevando sus obras a diversas partes del mundo. Es así como la ciudad de México se verá honrada con su presencia por medio de la exposición Obsesión Infinita que se presentará del 26 de septiembre del 2014 al 18 de enero del 2015 en el Museo Tamayo. Una gran oportunidad que no debe perderse.


Para conocer más sobre Yayoi Kusama, hagan click en su nombre.

lunes, 11 de agosto de 2014

Tejiendo erotismo


La aparición de la píldora anticonceptiva, por allá de los años 60, no sólo produjo cambios físicos en la mujer, también transformó a la sociedad. Poco a poco las mujeres se fueron despojando de los prejuicios respecto a su sexualidad alcanzando un papel más libre y activo en la intimidad.



En la actualidad las jóvenes viven su sexualidad con una mayor libertad que sus madres o abuelas. La diferencia generacional es amplia, pero aún con los avances, se sigue conservando en la psiquis de las féminas, antiguas concepciones impuestas por un modelo social patriarcal, y en muchos ámbitos los temas acerca de la sexualidad y el erotismo siguen siendo un tabú.



El concepto de género, que tiene que ver con lo que culturalmente se espera acerca de las conductas de mujeres y varones, se ha modificado, y no resulta fácil que una sociedad se adapte al cambio.



Muchos prefieren no hablar respecto a estos temas, por desconocimiento, por vergüenza, porque los consideran prohibidos o también porque no desean hacer un comentario que los lleve a revelar  y compartir experiencias personales, y quieren dejar la intimidad en la privacidad.



Mucho se dice de la diferencia entre libertad y libertinaje, la primera entendida como la capacidad de pensar y actuar con voluntad y responsabilidad. La segunda como la adopción de una conducta desenfadada y totalmente abocada a satisfacer el placer y los caprichos.



Hoy en día, enfocándonos exclusivamente en las mujeres, comparten fotografías, las famosas selfies, en las redes sociales, en poses sensuales, mostrando su lado sexy, con ropa provocativa, en las que dejan de lado la privacidad pasando al terreno de hacer pública la intimidad.



La artista estadounidense Erin M. Riley se concentra justamente en el erotismo, la diversión caótica y libertina que forman parte de la juventud contemporánea para realizar su trabajo.



La obra de Riley no sólo llama la atención por la temática que aborda, sino también por la técnica que utiliza. La artista teje imágenes de mujeres en distintas situaciones utilizando telares. Realiza tapices de selfies de jóvenes en ropa interior, metiéndose en algún lío con la ley, fumando, bebiendo, consumiendo algún tipo de droga.



Erin teje situaciones incriminatorias de su generación, vinculadas al sexo y a las drogas, donde las mujeres son protagonistas. Los tapices se caracterizan por la ausencia de rostros definidos lo que las convierte en imágenes universales. Algunas son fotografías de la propia artista y otras de mujeres anónimas halladas en internet, que recrean comportamientos de la generación nacida a partir de mediados de los 80 y que, por lo general, se almacenan y distribuyen en Facebook, Snapchat, Tumblr o en la privacidad de un teléfono móvil.



Con su obra Erin despierta al voyeurista que llevamos dentro y puede provocar en el espectador una curiosa y sutil perversión.



Para conocer más de los tapices de Erin M. Riley den click en su nombre.