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viernes, 26 de septiembre de 2014

La Princesa de los Lunares


A lo largo de la línea de vida del arte hay casos extraordinarios, o no tanto, de artistas que han llegado a su clímax [algunos se mantienen ahí, otros ya no] mientras se encuentran en un estado alterado.


Las drogas de varios tipos, el alcohol o las enfermedades mentales son las que influyen en la creatividad de los genios. Su imaginación es exponencial, ya sea por la maximización de los sentidos o por inducción a mundos fantásticos creados por la mente.


Tenemos grandes ejemplos como Jim Morrison, adicto a los alucinógenos; Ernest Hemingway, adicto al alcohol y enfermo bipolar; Truman Capote, adicto al alcohol y diversas drogas; Charles Bukowski, Edgar Allan Poe y Henry Miller, adictos al alcohol, cada uno de ellos con una calidad artística innegable, pero que quizá se debía, en gran parte, al influjo de sustancias.


Las enfermedades mentales son otros catalizadores de creaciones artísticas. Las alteraciones que sufren las personas en su razonamiento y comportamiento hacen que su realidad se vea alterada, una acción pocas veces comprendida que sólo son atendidas en instituciones médicas por los tipos de tratamientos, reacciones y secuelas.


Las condiciones de vida a las que se presenta la gente que tiene padecimientos de este tipo se vuelven complicadas, ya que el mundo no está diseñado ni preparado para convivir con ellos. Las personas sanas pueden llegar a ser intolerantes o no tienen la capacidad de cuidado.


Dentro de sus disfunciones mentales, tienen un universo que sólo ellos comprenden, a veces de difícil acceso para los demás, pero que está basado en una lógica que después de ser estudiada resulta verdadera.


Llegan a ser personas con coeficientes intelectuales que están por encima de la media. Cuando deciden plasmar su mundo en alguna disciplina, los resultados son increíbles, impactan a la sociedad racional y se convierten en personajes aceptados con el plus de estar enfermos.


La artista japonesa Yayoi Kusama, conocida como La Princesa de los Lunares, padece de un desorden obsesivo compulsivo desde su infancia, aunque en realidad nadie sabe con certeza el diagnóstico.


Por ello, desde 1977, decidió internarse en un hospital psquiátrico, lugar donde ha liberado sus alucinaciones y que incrusta en diferentes disciplinas artísticas como la pintura, literatura, escultura, collage, perfomances e instalaciones.


Estas visiones le han dado una gran lucidez para lograr obras con un esplendor único. Sus doctores ven como una gran hazaña que su creatividad influye en su salud, ya que con más de 80 años de edad, su intelecto continua inquebrantable.


Los estudiosos de Kusama concluyen que gran parte de su obra es autobiográfica y están centradas en gran medida en la figura libertina de su padre y los maltratos que recibía de su mamá.


Sus trabajos tienen patrones circulares obsesivos, así como una inclinación a mostrar penes que pueden arrancar una sonrisa, sorprender a otros y unos más sentirse ofendidos o apenados por verlos en lugares inusuales.



Es tan importante su estilo artístico que es una de las figuras clave del Art Pop, teniendo una clara influencia en lo realizado por Andy Warhol. Su residencia en Nueva York le trajo grandes logros e inicio sin tapujos la variante de tener modelos e instalaciones con personas desnudas.


Su actividad no se detiene y continúa llevando sus obras a diversas partes del mundo. Es así como la ciudad de México se verá honrada con su presencia por medio de la exposición Obsesión Infinita que se presentará del 26 de septiembre del 2014 al 18 de enero del 2015 en el Museo Tamayo. Una gran oportunidad que no debe perderse.


Para conocer más sobre Yayoi Kusama, hagan click en su nombre.

jueves, 13 de febrero de 2014

Ocupando los espacios... con humanos


Esa idea de que en varias ciudades ya no cabe ni una aguja de repente suena disparatado. Si lo tomamos en un sentido literal, podemos darnos cuenta de que espacio hay mucho, de lo contrario no podríamos ni caminar, mucho menos movernos de un lado para otro.




El asunto es que la forma en la que están trazadas las ciudades permite la movilidad de las personas y la construcción de edificaciones [la planeación de las autoridades para el desarrollo de estos conceptos, es un tema diferente al que nos compete]. Se construye porque hay espacio, es más, diríamos que mucho. En Japón lo tienen muy claro, por eso han decidido construir hacia arriba.




Si nos ponemos a analizar por un momento los lugares que recorremos a diario, será fácil constatar que hay áreas que están desaprovechadas, donde se podría colocar algo que ayude a la ciudadanía. Aunque algunos dirán que las aceras están atestadas de puestos ambulantes y que, entonces, ahí ya no hay espacio, lo cual es cierto, pero es innegable que esos comerciantes si vieron un espacio para obtener una fuente de ingresos.




Al lugar que volteemos, siempre habrá un espacio. Seguramente, por el trajín diario, no pensamos la forma en que podríamos ocuparlo, rellenarlo o utilizarlo. Los clavos dejan huecos que se cubren con cemento o yeso, sin embargo, algunas personas descubren un uso diferente para ese hoyo. Hay maneras de reutilizarlos, de convertirlos en algo diferente a su uso acostumbrado.




La estética visual del entorno es rica en lugares vírgenes, y no tanto, para colocar objetos contemplativos o herramientas de bienestar para la gente. Modificar ese paisaje debería de correr a cargo de especialistas en urbanización que otorguen elementos nuevos a las personas, sorprenderlos con los detalles.




Willi Dorner es un artista del performance que tiene muchas inquietudes. Una de ellas es la de cubrir los espacios vacíos para cambiar la apariencia urbana y atraer la atención de los transeúntes para hacerles el camino más alegre… siempre y cuando se den cuenta de que hay alguien que ha intervenido su contexto.




Bodies in Urban Spaces es un proyecto perfomancero plagado de bailarines, tanto mujeres como hombres, que se dedican a alterar el campo visual de la calle, las escaleras, los postes, los depósitos de correo, las bancas de los parques, las fachadas de edificios y todo aquello que se le ocurra a su líder Dorner.




La idea surge a partir de darse cuenta de que hay espacios exteriores que pueden ser utilizados, y rellenados, con cuerpos humanos, influyendo en el paisaje urbano. La primera participación de este colectivo se dio durante el Festival Paris Quartier del 2007, y de ahí, hasta la fecha, han recorrido diversas ciudades de Europa y Estados Unidos.




El objetivo primordial de Bodies in Urban Spaces es crear un vínculo con los espectadores que están expuestos a sus representaciones para que los sigan en su siguiente instalación, ya que todo es efímero e itinerante.




Es así como la forma de apreciar la arquitectura se ve trastocada por la inclusión de cuerpos multicolores en zonas donde normalmente no hay algo. Willi Dorner coloca su expresión e idea en medio de lugares que están [estaban] desolados.




El diálogo visual y artístico se produce al fusionar el espacio, las edificaciones y los diferentes cuerpos de los bailarines. Los trayectos diarios de las personas sufren una alteración que gusta al espectador y que al enterarse de que en determinado momento se van a mover de ahí, provoca la necesidad de seguirlos para conocer que forma adoptarán.


La intervención temporal por medio de módulos humanos diversifica la función  de las estructuras y otorga amplias posibilidades de recrear lo que pensamos era limitado, como sería la disposición de la urbanización.


El artista invita a los habitantes de la ciudad a ver, admirar y analizar sus obras humanas a través de una caminata.


Para conocer más de Willi Dorner, den click en su nombre.