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lunes, 9 de noviembre de 2015

Disección, un derecho y un revés

Si alguno de ustedes le tocó cursar clases de biología, muy probablemente realizaron una práctica de disección, para lo cual tuvieron que usar una planta o el cuerpo de un animal, el más común, el de una rana, para estudiarlos anatómicamente.

Separar los tejidos orgánicos para hacer un análisis minucioso no es algo que a todos agrade, a menos que sean Dexter, puede resultar algo grotesco, sangriento y para muchos inhumano.


La práctica de la disección en anatomía es uno de los recursos más antiguos de la educación médica. La enseñanza de la medicina se ve enriquecida con el conocimiento a detalle del cuerpo humano.
A Emily Stoneking le gusta la disección, pero no con seres reales, ella prefiere tejer a sus víctimas por dentro y por fuera, no necesita un bisturí, sólo requiere de aguja y estambre.

Stoneking es una hábil tejedora de punto y ha hecho de la disección algo amable. En su obra aKNITomy recrea los típicos proyectos de disección escolares. Sus diseños son aptos para todo público, con ellos no tendrán que enfrentar ningún conflicto ético o visceral por separar los tejidos de ranas, ratones e incluso tendrán la oportunidad de conocer el interior de un alienígena.

Si les latieron los diseños, quieren conocer más, conseguir un ser diseccionado o hacer el propio, den click en Emily Stoneking.

lunes, 11 de agosto de 2014

Tejiendo erotismo


La aparición de la píldora anticonceptiva, por allá de los años 60, no sólo produjo cambios físicos en la mujer, también transformó a la sociedad. Poco a poco las mujeres se fueron despojando de los prejuicios respecto a su sexualidad alcanzando un papel más libre y activo en la intimidad.



En la actualidad las jóvenes viven su sexualidad con una mayor libertad que sus madres o abuelas. La diferencia generacional es amplia, pero aún con los avances, se sigue conservando en la psiquis de las féminas, antiguas concepciones impuestas por un modelo social patriarcal, y en muchos ámbitos los temas acerca de la sexualidad y el erotismo siguen siendo un tabú.



El concepto de género, que tiene que ver con lo que culturalmente se espera acerca de las conductas de mujeres y varones, se ha modificado, y no resulta fácil que una sociedad se adapte al cambio.



Muchos prefieren no hablar respecto a estos temas, por desconocimiento, por vergüenza, porque los consideran prohibidos o también porque no desean hacer un comentario que los lleve a revelar  y compartir experiencias personales, y quieren dejar la intimidad en la privacidad.



Mucho se dice de la diferencia entre libertad y libertinaje, la primera entendida como la capacidad de pensar y actuar con voluntad y responsabilidad. La segunda como la adopción de una conducta desenfadada y totalmente abocada a satisfacer el placer y los caprichos.



Hoy en día, enfocándonos exclusivamente en las mujeres, comparten fotografías, las famosas selfies, en las redes sociales, en poses sensuales, mostrando su lado sexy, con ropa provocativa, en las que dejan de lado la privacidad pasando al terreno de hacer pública la intimidad.



La artista estadounidense Erin M. Riley se concentra justamente en el erotismo, la diversión caótica y libertina que forman parte de la juventud contemporánea para realizar su trabajo.



La obra de Riley no sólo llama la atención por la temática que aborda, sino también por la técnica que utiliza. La artista teje imágenes de mujeres en distintas situaciones utilizando telares. Realiza tapices de selfies de jóvenes en ropa interior, metiéndose en algún lío con la ley, fumando, bebiendo, consumiendo algún tipo de droga.



Erin teje situaciones incriminatorias de su generación, vinculadas al sexo y a las drogas, donde las mujeres son protagonistas. Los tapices se caracterizan por la ausencia de rostros definidos lo que las convierte en imágenes universales. Algunas son fotografías de la propia artista y otras de mujeres anónimas halladas en internet, que recrean comportamientos de la generación nacida a partir de mediados de los 80 y que, por lo general, se almacenan y distribuyen en Facebook, Snapchat, Tumblr o en la privacidad de un teléfono móvil.



Con su obra Erin despierta al voyeurista que llevamos dentro y puede provocar en el espectador una curiosa y sutil perversión.



Para conocer más de los tapices de Erin M. Riley den click en su nombre.

viernes, 14 de junio de 2013

Tejidos minúsculos




Muchas personas tienden a minimizar todo lo que está a su alrededor, llamar por medio de diminutivos a los objetos, incluso, los nombres propios los hacemos “chiquitos”: Betito, Juanito, Carlitos, Anita, Rosita y un largo etcétera.




La probable explicación puede radicar en la necesidad de suavizar la fuerza fonética de las palabras. No suena igual decir “mira ese animal” a expresar “mira ese animalito” o “¡qué lindo gato!” a “¡qué lindo gatito!” Parecería una forma de justificar que no se desprecia lo que en realidad se llama así, sino que se siente cierta empatía, gusto y hasta cariño.




La tendencia a hacer pequeños los nombres está muy arraigada, por ende será complicado esperar un cambio total o paulatino a corto plazo. ¿Cuántos de nosotros aplicamos está dinámica? Si lo piensan, quizá a diario se hace y ya no reparamos en ello.




Ahora, cómo le podríamos llamar a algo que en realidad es diminuto físicamente. Economizando palabras, sí se aplicaría el diminutivo, aunque también existen los que dicen las cosas como son y dirían “el perro diminuto” a “el perrito”.




Los que sí dudarían en cómo llamar a sus creaciones son la familia  Su Ami que tiene un negocio en Vietnam que se dedica a tejer una vasta colección de figuras de animales y personajes diminutos.




Son tan pequeños que algunos llegan a medir sólo ¡8 milímetros! Las palabras que usan para referirse a ellos son “micro”, “pequeño” “miniatura”, “extremadamente pequeño” y “mini”. El español ofrece la ventaja de poder utilizar el diminutivo para dejar de lado estos adjetivos.




La manufactura de cada uno de estos seres de estambre radica en que cada miembro de la familia haga cinco animalitos o personajitos.




El nombre de Su Ami es el apodo del pequeñito de la familia, quien es fanático de los animales y los personajes de las películas y caricaturas. De hecho, él fue quien les dio la idea del negocio que les ha dejado grandes dividendos, ya que el precio de algunos llega a rebasar los $1,000 pesos.




Lo sorprendente de los tejiditos es lo detallado que están y que cada uno de ellos guarda la fisonomía exacta de lo que representan, no hay deformaciones que pongan en duda qué animalito o pequeño personaje es. Además, la aplicación de otros colores de estambre en los cuerpos hacen más valiosas las creaciones.




Para conocer más animalitos, den click aquí: Su Ami.