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viernes, 5 de diciembre de 2014

¡Enchúlame el camión!


En las películas, en los noticiarios y en las redes sociales hemos visto que el tráfico en la India es de lo más denso. Hay una cantidad de vehículos circulando [coches, camiones, motocicletas, bicis], además de las carretas jaladas por animales.


Varias son las películas de acción que han sido grabadas ahí. Persecuciones a toda velocidad donde la toma de la cámara es subjetiva, nosotros somos los perseguidos o los perseguidores, todo ello gracias a la cantidad de personas y vehículos que pululan.


Quienes han andado por esas tierras comentan que el parque vehicular es tan excesivo que ni los sentidos de las calles y avenidas respetan. Lo más impresionante es que los conductores debieron tomar clases de manejo en la Fórmula 1 porque pocas veces se impactan contra otro vehículo.


Un extranjero en esas tierras hostiles de los neumáticos no podría sobrevivir. Por otro lado, está el factor del ruido provocado por los automotores. El repiqueteo de los cláxones no cesa en ningún momento, parece un sistema de comunicación, nadie se molesta por la contaminación del ruido.


Los choferes de los vehículos deben de tener los sentidos en alerta máxima, aunque cabe la posibilidad de que hayan nacido con ese chip intrépido para saber maniobrar en espacios cortos y evitar los choques.


Y como en todos lados sucede, los conductores de los transportes tienen la peculiaridad de adornar sus máquinas de cuatro ruedas [también las de dos].


En México se caracterizan por los viniles en los vidrios, los claxon con el grito de Tarzán, la música de la canción “Lambada” o el “Poder Canino” de Scrappy-Doo. Dentro de la unidad se pueden apreciar los peluches en el tablero o los muñequitos que van moviendo la cabeza con el vaivén del asfalto. La singularidad en su máxima expresión.


En el país asiático hay una tendencia similar que fue retratada por el fotógrafo estadounidense Dan Eckstein. Su atención en este objetivo se enfocó cuando estuvo en Rajastán [el estado más grande de la India] y vio el espectáculo automotor en las vialidades, pero sobre todo, los adornos que vestían los camiones y camionetas.


Los adornos y la parafernalia multicolor le saltaron a la vista, razón por la cual tomó su cámara fotográfica para captar una parte de la cultura de los hindúes. Este trabajo vio la luz en un libro que lleva por nombre ‘Horn Please: The Decorated Trucks of India’.


Eckstein se percató que los camiones tienen inscritas las palabras “Horn Please” que es un mantra designado para las carreteras hindúes que los llevará a un viaje seguro [quizá ese es el motivo por el que nunca chocan… aquí ni encomendándose a la Virgen de Guadalupe nos libramos de eso].


Y no sólo el exterior se encuentra adornado con pinturas de deidades, luces o alimentos, sino que el interior también está acondicionado al gusto del chófer. No sólo hay peluches, también se pueden observar telas, cobijas, calcomanías, flores, trastes y dormitorios en forma.


Para conocer el proyecto completo y más trabajos de Dan Eckstein, den click en su nombre.

jueves, 2 de octubre de 2014

Las cicatrices de la tradición


Cuando una persona hiere a otra, sentimental o físicamente, sabemos que quedan cicatrices. En el primer caso son en el corazón y el alma, en el segundo son visibles y dejan una marca sobre la piel.


El pasado tiene muchas marcas de situaciones que vivimos. Recuerdos buenos y malos que forman parte inherente de nosotros y que nos han permitido experimentar y aprender.


Las cicatrices pueden llegar a ser incurables, cualquiera que sea el caso. Las sentimentales pueden sobrellevarse de diferentes formas, pero las que están en la piel se quedan ahí por la eternidad [en la actualidad hay métodos que permiten borrar casi en su totalidad la marca].


Una nota reciente en el periódico informaba de un caso que demuestra que la sociedad tiene instantes de degradación humana: dos mujeres jóvenes argentinas atacaron a su vecina de 15 añoscortándola en cara y espalda bajo la consigna de “vamos a ver quién te dice que eres linda ahora”. Esas heridas que le hicieron, le cambiarán la vida.


Hay otras cicatrices que se portan con orgullo, aunque suene extraño. Un caso de esta índole ocurre en la ciudad de Abidjan en Costa de Marfil donde es una tradición el Hââbré, palabra de la lengua Kô que significa “cicatrización”.


El Hââbré “es una practica donde se hace una incisión superficial en la piel humana". Esta tradición, como muchas otras, ha ido desapareciendo con el paso del tiempo, por ello, la fotógrafa Joana Choumali decidió rescatar lo poco que queda.


De esta manera nace la colección Hââbré, The Last Generation. El proyecto no fue nada sencillo, porque tuvo que hacer mucho trabajo de investigación para encontrar a personas con las cicatrices, la mayoría de ellas son adultos mayores.


Choumali se dio cuenta que las nuevas generaciones ya no tienen interés en mantener la tradición viva. En las imágenes que nos presenta se pueden ver a personas adultas con las marcas en los rostros, algunos las muestran con orgullo y otros no tanto.


El choque cultural que han sufrido deriva de cómo los miran en la ciudad, con morbo y extrañeza, mientras que en su comunidad son personas respetables. Joana los retrata sin ningún prejuicio, mostrando la complejidad de la identidad africana, con personas que de espaldas son comunes y cuando se giran puede resultar controversial lo que le han hecho a su rostro.


Para conocer más de Joana Choumali, den click en su nombre.